Ahí estaba la Ministra, en Teletrece esperando una disculpa en vivo y en directo. No lo consiguió, no pudo sonreir como lo hizo cuando negociando con la derecha celebró "el triunfo" de la tramitación de la Ley en la Cámara de Diputados. Tuvo que aguantar no más, reconocer que su imagen da vueltas por todo el mundo provocando simpatías en unos y las risas burlescas en otros, asombro y preocupación, temor en personas como ella que se sorprenden ahora de la violencia y agresividad con que los jóvenes expresan sus ideas.
Señala que le gustaría "conocer el alma", "el corazón" de la malvada que arrojó el agua en su cara, ¿qué cree?, ¿qué es un pequeño demonio poseído?. Tiene razón cuando dice que esa violencia no es propia de un estudiante, no es a lo que aspiramos como sociedad, pero esa agresividad la está incubando un sistema inhumano e incapaz de dar satisfacción a los deseos y anhelos de la gran mayoría.
La rabia de Música es la rabia de muchos chilenos que han aguantado de todo en estos años de Democracia, a los que se les imponen soluciones a sus espaldas y sin escuchar los problemas de fondo, como el Transantiago.
La rabia que todos los jóvenes sienten cuando tienen que asumir que deberán endeudarse apenas cumplida su mayoría de edad para poder financiar sus estudios, ya que las autoridades que estudiaron gratis gracias al gentil auspicio del Estado hoy consideran que no es malo lucrar con la salud y la educación.
La Ministra avala la represión en función de mantener el orden público, acusa a los estudiantes de provocadores y en forma insólita se pregunta si acaso las movilizaciones callejeras son formas válidas de expresión.
¿Se le olvidará a la Ministra que fueron las movilizaciones callejeras las que le mostraron al mundo el horror de la dictadura?,¿las que dijeron basta a tanta justicia y atrocidad?
¿Qué ha cambiado desde entonces? Hemos avanzado en ciertos aspectos, pero siempre negociados a cambio de algo, es una verguenza que en 18 años de gobierno de la Concertación aún haya pendiente temas fundamentales para resolver los problemas sociales, y que haya que pedirle la aprobación a los mismos que impusieron la injusticia y se beneficiaron de las leyes y reglamentos del gobierno antidemocrático.
La Presidenta nos invitó a un gobierno ciudadano pero sigue haciendo las cosas a espaldas de la ciudadanía, sin escuchar, sin oir, sin prestar atención a lo que es obvio.
Después de esto está claro que la Ministra no es de hierro, y que su orgullo herido se seguirá paseando por los canales de televisión esperando una disculpa que no llegará.
La agresividad de los jóvenes proviene de la injusticia, del desaliento que les provoca la sociedad en la que Usted señora Ministra se ha educado, formado familia y desempeñado profesionalmente y que pretende perpetuar con sus leyes.
Todos sabemos que si la LGE no se retira pasarán muchos años antes de que se pueda hacer algo nuevamente contra el lucro y el lucro ,señora Ministra, sí es malo. Es malo ganar plata a costa de la salud y la dignidad de las familias chilenas que quieren lo mejor para sus hijos, y no sólo es malo, es inmoral desde cualquier punto de vista.
La educación que usted promueve no sólo traerá descontento a futuro, no sólo generará más rabia, sobre todo en contra del autoritarismo que usted ha demostrado en el manejo de estos conflictos.
En Chile se nos quiere hacer creer que la educación pagada es la única forma de acceder a una mejor preparación.
Cuando los señores y señoras que hoy nos gobiernan estudiaron gratis ¿hubieran aceptado tener que pagar por ello? , ¿habrían salido a la calle a repartir flores como pretende la Ministra? Quizás, no olvidemos que muchos de ellos arrancaron apenas pudieron y sólo volvieron cuando el pueblo ya había hecho todo el trabajo.
Qué verguenza que más encima hoy día sean ellos mismos los que expriman a los chilenos.



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